Esta duda se escucha con frecuencia. En conversaciones con colegas, directivos y profesionales de distintas áreas, es una inquietud que se repite.
Si ingresamos datos sensibles en una plataforma como ChatGPT, por ejemplo, una estrategia comercial, una cifra clave, o un borrador de decisión, ¿podría esa información reaparecer, ser vista por otro, salir de nuestro control?
Es un temor que circula. Y quizás sea una reacción sensata. Aunque en muchos casos, estas apreciaciones se instalan sin que hayamos tenido oportunidad de chequear en detalle. El tiempo, simplemente, no da. Lo que otros comentan, o simplemente lo que nos hace sentido mentalmente, es lo que queda.
Una de las ideas más repetidas es que “la IA recuerda lo que uno le dice”. ¿Será cierto? Y si lo fuera, ¿cómo lo hace? ¿dónde guarda esa información? ¿podría otra persona acceder a ella?
Es natural desconfiar de lo nuevo, especialmente cuando no entendemos bien cómo funciona. Preguntarse, dudar, querer saber más, todo eso tiene sentido. Sin embargo, es valioso tratar de entender mejor.
Lo notable, es el siguiente contraste. Millones de personas comparten información sensible cada día a través de plataformas como Whatsapp, Gmail, Dropbox o WeTransfer. ¿Qué hace que percibamos esas herramientas como “más seguras”? ¿Lo son en realidad? ¿O simplemente nos acostumbramos a ellas?
Yo también me hice la pregunta sobre la seguridad de ChatGPT. Intenté analizarla en profundidad, desde una perspectiva técnica, estadística y operativa. Y encontré una respuesta, que curiosamente se relaciona con meteoritos y pianos, y que comparto y explico aquí:
-> Link a: Between Meteorites and Pianos,
… por si a alguien le aporta una mirada útil para su empresa.
Pero esta publicación no busca solo compartir esta respuesta, sino también abrir el debate.
Porque lo más interesante no es lo que creemos… sino por qué lo creemos.
¿Cómo te afecta esta duda? ¿Qué te haría confiar, dudar o cambiar de opinión?

¿Qué tan secretos son tus secretos?