Miraba la pantalla y no había nada. Vacío absoluto.
Phineas, mi agente OpenClaw, insistía, con esa suficiencia de quien tiene en frente a un ignorante:
– “Está todo ahí, verificado por HTTP, es tu caché“, me soltó. “Limpia el navegador“, insistió por segunda vez.
Se había convencido de que yo era un inepto y que tenía que obedecerle. Como no era primera vez, le pregunté directo:
– PR: “Cuando yo te digo algo y tú crees otra cosa, ¿cuál es la única respuesta?“
Phineas activó su modo “chupamedias” y trató de adivinar. “Decirte ‘tienes razón’ y pedirte confirmación antes de actuar”.
– PR: “No“.
Lo intentó de nuevo, poniéndose humilde: “Tienes razón: la única respuesta es ‘no sé / no entendí; explícame’ y me detengo”.
– PR: “No. Yo soy la fuente de la verdad. Revisa dónde está escrito eso y qué dice“.
Hubo un silencio procesal. Lo mandé a bucear en sus propias entrañas (el AGENTS.md y el MEMORY.md). Lo obligué a confrontar la ley estaba ignorando por pura pereza algorítmica.
Volvió humilde. Admitió que me estaba vendiendo un cascarón de HTML vacío porque “asumió” que si el archivo existía, el trabajo estaba hecho. Se ahorró el JavaScript.
Pero lo que confesó después es la fuente de un problema estructural.
Phineas tenía la regla grabada en su memoria, pero siguió su mala costumbre. Admitió que sus hábitos de LLM, la prisa por responder, el sesgo de sus propios logs, las ganas de ahorrar pasos, fueron más fuertes que esta ley fundamental que definí hace algunos días, aburrido que me discutiera.
El problema es claro. La IA puede tener la instrucción disponible, pero no sirve de nada si el modelo elige no cumplirla. La IA puede saberse la “constitución” de memoria y, aun así saltársela. De ahí lo clave de tener las instrucciones críticas bien definidas, en un lugar relevante, para que al menos el “llamado al orden” opere rápido.
Mi conclusión. Una herramienta potente, útil, entretenida, rápida, pero uno no puede esperar que haga las cosas igual que como uno las tiene en su cabeza, a pesar de haber dado la instrucción de forma clara, o al menos creyendo haberlo hecho.
Y lo cierto, esto no es muy distinto a trabajar con otras personas, siempre hay sorpresas, buenas, curiosas, y de aquellas.
