February 17, 2026

El 14 de febrero de 2026, en el día de los enamorados, OpenAI anunció que el creador de OpenClaw, Peter Steinberger, se une a la compañía. Esta incorporación parece ser una respuesta a la compra de Manus AI por parte de Meta, dos semanas antes, por aproximadamente 2 mil millones de dólares.

Con estos movimientos las grandes tecnológicas están reaccionando a una batalla que empezaron otros. Fueron desarrolladores independientes que construyeron lo que los usuarios realmente querían. Agentes que hicieran cosas, no chatbots mejorados con más funcionalidades o que conversen mejor. Mientras los gigantes competían por benchmarks y perfeccionaban sus modelos, otros resolvieron el problema relevante. Y ahora los gigantes están apurados por ponerse al día.

Peter Steinberger lo explica así en su carta pública: “Sí, podría ver cómo OpenClaw se convierte en una empresa enorme. Y no, no es realmente emocionante para mí. Soy un builder de corazón. Ya jugué el juego de crear una compañía, le dediqué 13 años de mi vida y aprendí mucho. Lo que quiero es cambiar el mundo, no construir una gran empresa, y unirme a OpenAI es la forma más rápida de llevar esto a todos.”

Article content
Peter y su visión de futuro

Por su parte, Sam Altman comentó: “Peter Steinberger se une a OpenAI para impulsar la próxima generación de agentes personales. Es un genio con muchas ideas increíbles sobre el futuro de agentes muy inteligentes que interactúan entre sí para hacer cosas muy útiles para la gente. Esperamos que esto se convierta rápidamente en el núcleo de nuestras ofertas de productos.

Article content
In OpenAI we love Peter and his stuff

Hace dos semanas, en el artículo sobre OpenClaw titulado 48 horas con Jarvis, decía: “Cuando una de estas empresas (OpenAI, Google, Anthropic) tome esta idea y la potencie, y además le dé un halo de seguridad, ahí es cuando esto va a explotar.

Al parecer esto ya se está haciendo realidad. La pregunta es qué gana OpenAI con esta movida y qué significa para nosotros, los usuarios.

Autonomía persistente

Antes de OpenClaw, ya había herramientas que podían ejecutar secuencias largas de acciones. Manus, el modo agente de ChatGPT. Potentes, capaces de encadenar pasos, tomar decisiones intermedias, operar sobre información compleja. Pero todas comparten algo, son reactivas. Tú das la orden, ellas ejecutan. Cuando cierras la sesión, se detienen. No hay nadie trabajando cuando tú no estás.

OpenClaw funciona distinto. Corre en tu máquina como un proceso en segundo plano, con un pulso propio. Puedes decirle que revise tu correo cada mañana a las nueve, que te avise si llega algo urgente, que clasifique lo que encuentre y actualice tus archivos de proyecto. Lo va a hacer aunque estés durmiendo. No necesita que le preguntes. No espera que abras una sesión. Actúa.

Esa diferencia parece técnica pero no lo es. Es una diferencia estructural. Con el modo agente de ChatGPT o con Manus, tú inicias un proceso y lo supervisas. Son herramientas muy potentes para hacer cosas largas y complejas, pero sigues siendo tú quien las pone en marcha. Con OpenClaw, le confías una parte de tu vida digital y él la gestiona. No como una herramienta que usas, sino como alguien a quien delegas.

Esta innovación es comparable a lo que pasó cuando salió ChatGPT en noviembre de 2022. Antes, los modelos de lenguaje existían, pero solo programadores los usaban vía API. ChatGPT puso una interfaz encima y de repente cualquiera podía conversar con uno. No necesitabas saber qué era un token. Solo escribías. Eso democratizó el acceso a la conversación con IA.

OpenClaw hace lo mismo con la delegación. Cualquiera que pueda seguir un tutorial puede tener un agente que trabaje en su nombre mientras hace otra cosa. No necesitas programar. No necesitas entender arquitecturas. Solo necesitas decidir a qué le das acceso.

Esto puede ser para bien. Personas que antes no podían automatizar tareas ahora pueden hacerlo. Alguien que no sabe programar puede crear un sistema que le resuma sus correos cada mañana, que le organice su agenda, que le recuerde seguimientos pendientes. Ese es el sueño. El agente que hasta la mamá de Peter puede usar.

Pero también puede ser para mal. Porque esa misma accesibilidad significa que millones de personas van a autorizar permisos sin entender completamente qué están autorizando. Van a seguir tutoriales que les dicen “dale acceso a esto” sin explicarles qué significa. Van a instalar plugins sin verificar si son seguros. Van a confiar en que si el sistema les pide algo, debe necesitarlo. Y cuando el agente actúe en su nombre y meta la pata, no van a saber exactamente por qué pasó ni cómo detenerlo.

Y OpenAI acaba de darle su respaldo.

El factor que OpenAI no puede ignorar

OpenClaw nació con otro nombre, Clawdbot. El “Claude” con “claw” (garras/tenazas), referenciando directamente al modelo de Anthropic, casi un homenaje explícito. Anthropic no lo vio con buenos ojos y amenazó con acciones legales por trademark. El nombre cambió a Moltbot, y finalmente a OpenClaw en enero de 2026.

Sin embargo, la arquitectura quedó acoplada a Claude. El código usa formato nativo de Anthropic. El sistema de tool calling está optimizado para su API. Hay streaming hardcodeado que rompe la funcionalidad en modelos que no son de Anthropic. La documentación oficial es explícita: “Recomiendo fuertemente Anthropic Pro/Max + Opus 4.5 por su fortaleza en contextos largos y mejor resistencia a inyección de prompts.

Esto lo confirman tanto los usuarios como un análisis publicado en DEV.to, que dice: “Si usas OpenClaw con algo menos que Claude Opus 4.5, no estás obteniendo algo ligeramente peor, sino una porción de sus capacidades.” En GitHub la discusión va más allá, por ejemplo, diciendo: “OpenClaw está optimizado para modelos de Anthropic, así que Gemini es un ciudadano de segunda clase.”

OpenAI acaba de incorporar un proyecto que funciona mejor con el modelo de su competidor directo. El dilema es claro. O reescribe partes core del sistema para que GPT brille igual que Claude, o acepta que su gran apuesta en agentes tiene ADN de Anthropic. No se ve una tercera opción.

La carrera por Peter

Peter Steinberger pasó una semana en San Francisco reuniéndose con “los principales labs”. Sam Altman le llamó personalmente. Mark Zuckerberg le escribió por WhatsApp y probó OpenClaw él mismo. Satya Nadella también se contactó. Todo esto a días de que Meta comprara Manus, un competidor directo de OpenClaw, por aproximadamente 2 mil millones de dólares. OpenAI no podía quedarse atrás.

Las fechas lo dicen todo. El 30 de enero, OpenClaw adopta su nombre final. El 14 de febrero, OpenAI anuncia la incorporación. Dos semanas entre el nombre definitivo y el acuerdo. Es como si Anthropic hubiese lanzado a OpenClaw en los brazos del OpenAi.

¿Y Europa? Ningún CEO europeo contactó a Peter. Ni uno. Un artículo de TrendingTopics lo resume así: “Europa observó y aplaudió mientras Steinberger partía a San Francisco.” El talento estaba en Viena. El capital, los modelos competitivos y la velocidad de ejecución estaban al otro lado del Atlántico. Europa pierde otra oportunidad de pasar de espectador a protagonista.

La promesa de la fundación

En su carta Peter insiste en un punto: “Siempre ha sido importante para mí que OpenClaw permanezca open source y tenga libertad para florecer.” La solución fue una fundación independiente. OpenAI patrocina el proyecto, pero no lo absorbe. El código sigue abierto. La comunidad sigue contribuyendo. En teoría, cualquiera puede seguir usando OpenClaw con el modelo que quiera, ya sea Claude, GPT, Gemini, o alguno de los chinos, como Kimi K2.5 que está haciendo furor.

Si este acuerdo funciona, los usuarios ganamos. Un sistema verdaderamente multiplataforma significa poder moverse entre modelos sin perder funcionalidad. Significa que OpenClaw no se convierte en “otro producto cerrado de OpenAI”, y que la competencia sigue viva.

Es interesante que OpenAI mismo empezó como fundación sin fines de lucro en 2015. Se convirtió en empresa “capped-profit” en 2019. Hoy está valuada en 500 mil millones de dólares. ¿Puede una fundación proteger la independencia de un proyecto cuando la corporación que lo patrocina tiene todo el incentivo para absorberlo?

El problema en que se metió OpenAI

Gartner calificó a OpenClaw como “un riesgo de ciberseguridad inaceptable“. Investigadores documentaron 341 plugins maliciosos en ClawHub, una tasa de contaminación del 12%. Un usuario perdió 45 horas de trabajo cuando el sistema compactó su memoria sin advertencia. Otros reportan costos de 3.600 dólares al mes por uso intensivo. Un usuario gastó 200 dólares en un solo día por un loop infinito que no detectó a tiempo.

Más que bugs menores, son problemas estructurales de un sistema que se mueve más rápido que su propia madurez.

Ahora ese sistema tiene el logo de OpenAI. Una cosa es que miles de early adopters experimenten con esto en sus computadores viejos. Otra muy distinta es que millones de usuarios lo adopten pensando que “si OpenAI lo respalda, debe ser seguro”.

Con esta movida OpenAI le da a OpenClaw un halo de seguridad. Falta ver si es real o solo percepción.

Lo que OpenAI realmente ganó

OpenAI no hizo esto por caridad. Ganó tres cosas concretas.

Primero, talento. Peter Steinberger viene de construir PSPDFKit durante 13 años, sabe hacer productos que la gente usa. Segundo, comunidad. OpenClaw tiene más de 200 mil estrellas en GitHub y 16.5 mil forks. Esa comunidad ahora está vinculada a OpenAI. Tercero, momentum. OpenClaw pasó de cero a viral en semanas. Ese tipo de atención no se compra solo con publicidad.

Pero hay algo más. Cada vez que alguien usa OpenClaw con GPT, hace una llamada a la API de OpenAI. Cada llamada genera ingresos. Si OpenClaw explota y se vuelve mainstream, OpenAI captura ese tráfico. No necesita que el proyecto sea exclusivamente suyo. Solo necesita que la gente lo use con sus modelos.

Y está el punto estratégico. Anthropic tiene Claude Code, una herramienta que está ganando tracción en empresas. OpenAI no podía quedarse atrás en agentes. Incorporar a Peter y respaldar OpenClaw les da algo concreto que mostrar. No promesas, sino código funcionando, y muy exitoso.

Por otro lado, con esta movida OpenAI se posiciona como “el bueno” que apoya open source. Se beneficia del trabajo de la comunidad sin cargar con todo el costo. Y si eventualmente decide absorber más control, ya sabe cómo hacerlo pues tiene el precedente de haber empezado como fundación. Es una jugada sofisticada.

Los que no vieron venir la guerra

Mientras Meta compraba Manus y OpenAI incorporaba a Peter, Google y Amazon miraban desde “el público”. No se trata de que no tengan capacidad técnica, que la tienen. Creo que es porque construyen sus soluciones pensando como ingenieros, no como usuarios.

Google tiene Gemini. Es capaz, potente, bien integrado. Pero integrado con Gmail, Google Calendar, Google Drive, Google Workspace. Si vives dentro del ecosistema Google, funciona bien. Si no, la propuesta es poco atractiva. Google construyó un agente muy bueno para aquellos que operan en su entorno, no para cualquier persona con un computador y ganas de automatizar su vida. Y cuando quiso migrar a sus propios usuarios de Google Assistant a Gemini en Android, no pudo cumplir el plazo que se había fijado. Una empresa que no ejecuta su propia migración interna a tiempo difícilmente lidera una guerra de agentes personales.

Amazon tiene más hardware en hogares que cualquier otro. Tiene Alexa en millones de parlantes, en televisores, en autos. Tiene AWS. Tiene la infraestructura. Pero su versión mejorada de Alexa con IA generativa fue postergada varias veces. Y cuando llegó, las mejoras en conversación vinieron acompañadas de regresiones en lo básico. Por ejemplo, tareas simples como controlar luces empezaron a fallar. Mejoraron lo sofisticado y rompieron lo cotidiano. Eso no es pensar en los usuarios.

OpenClaw enganchó precisamente porque Peter se preguntó algo distinto. No “qué podemos construir” sino “qué necesito yo“. Un desarrollador austríaco solo, con un proyecto en GitHub, generó más tracción en pocas semanas que los equipos de producto de dos de las empresas más grandes del planeta. Eso dice algo sobre quién entendió el problema.

El agente para tu mamá

Peter escribió en su carta: “Mi próxima misión es construir un agente que hasta mi mamá pueda usar.” Es una frase breve, pero interesante.

Olivaw, el usuario que describí en mi artículo sobre OpenClaw, sabía exactamente en qué se estaba metiendo. Sacó un Mac viejo, le borró todos los datos, le creó un usuario limpio, le puso nombre. Evaluó cada permiso antes de autorizarlo. Esa es la actitud correcta frente a un sistema que Gartner calificó como “un riesgo de ciberseguridad inaceptable” y que tiene 341 plugins maliciosos documentados en su marketplace.

La mamá de Peter no va a hacer eso. Ninguna mamá lo va a hacer, ni tiene conciencia de que es importante hacerlo así. Una mamá simplemente va a seguir un tutorial, va a autorizar lo que el sistema le pida, va a confiar en que si OpenAI lo respalda debe ser seguro. Y cuando el agente le diga “necesito acceso a esto para funcionar mejor”, va a dar click.

OpenAI y Meta se movieron rápido. Pero moverse rápido no es lo mismo que hacerlo bien.

La tensión que OpenClaw pone sobre la mesa no es nueva. Siempre ha existido una brecha entre lo que la tecnología permite y lo que el usuario sabe hacer con ella. Uno puede comprar maquinaria sin certificación, un arma sin demostrar puntería o prudencia. En muchos casos eso está bien así, el riesgo es tuyo, la responsabilidad también, y de esa exploración sin red han salido algunas de las cosas más interesantes que ha producido la humanidad.

Con los agentes va a pasar algo parecido. Va a haber gente que los configure mal, que autorice permisos que no entiende, que aprenda a las malas. Y va a haber gente que los use para negociar la compra de un auto mientras duerme, para gestionar proyectos enteros, para hacer cosas que hoy requieren un equipo. Ambas cosas van a ocurrir al mismo tiempo, en el mismo ecosistema.

Lo que sí es predecible es dónde va a ocurrir primero con más fuerza. No en Europa, que ya está redactando el reglamento antes de entender del todo qué está regulando. Sino en culturas donde experimentar, romper cosas y volver a intentarlo no requiere justificación. El talento estaba en Viena. El ecosistema que lo va a hacer florecer está en otro lado.

La Agentic War recién empieza. Los primeros movimientos se jugaron en pocas semanas. Los próximos van a ser más complejos y mucho más reveladores. Vale la pena seguirlos de cerca.

Article content
Peter & friends & admirors celebrating…